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26/03/2025

De la Separación a la Colaboración: Historia de una familia ensamblada

Mi nombre es Ana María Vidaurre, soy nutricionista especialista en salud digestiva y mamá de dos niños, de doce y ocho años,  y desde Mujeres de Ñuble me invitaron a compartir mi proceso  de separación y de cómo llegué a mantener buenas relaciones con el papá de mis hijos. Con él hemos logrado compartir grandes momentos en los que convivimos con nuestros hijos, su pareja actual, mi marido, su hija y su ex pareja.

Viví en Chillán siete años y ahora vivo en Pucón, pero vuelvo a Ñuble cada año para visitar a la familia y amistades ¡Me encanta volver y recordar esa linda y fundamental etapa de mi vida!

Escribo estas letras desde un lugar de mucha humildad, reconociendo mi posición de privilegio, tanto por tener una profesión que me permite autonomía económica, una familia que me apoya y también una expareja que es un buen hombre y tiene buena situación. Tengo claro que todo esto ha ayudado al buen desenlace de esta historia.

Sin embargo, aclaro, que este proceso no ha sido nada fácil y que nos tomó seis años llegar a tener buenas relaciones. Ha sido un camino difícil y de mucho dolor, pero también de mucho aprendizaje. Al principio, todo era nuevo; no había muchas separaciones en mi familia y tampoco tenía amigas que lo habían vivido, pero, tenía la certeza en mi corazón de que no podía quedarme en un lugar donde ya no había amor de pareja. 

Acerca de las claves en mi proceso para llegar al lugar donde estoy, lo primero es que, fue prioridad para mí lograr llevarme bien y tener buena relación con el papá de mis hijos, ya que supe desde el primer instante que el bienestar y la salud mental de todos dependían de nuestra buena relación. Este fue siempre mi norte, y me ayudó a tener paciencia y esperanza en el proceso.

En segundo lugar, en medio de la tormenta inicial, tuve la asesoría de una buena psicóloga especialista en temas de familia y separaciones. Ella fue clave, porque me enseñó sobre estos procesos, los tiempos de duelo, y eso me ayudó a ser empática y tener paciencia con todos: adultos y niños. La psicóloga me dijo algo fundamental: "la separación de los padres en sí NO es traumática para los niños, lo traumático es cuando hay peleas, descalificaciones y guerra entre ambos". Tener eso en mente me ayudó a mantener la  perspectiva para pasar la etapa inicial de peleas. Y agradezco que NUNCA caímos en descalificaciones.

Tercero, y algo en lo que nosotros nos demoramos en hacer, fue pedir asesoría legal en mediación con un buen profesional, alguien que hiciera bien su trabajo y no sólo viera la repartición justa del costo de vida de los hijos, sino también los intereses humanos de madre y padre. 

Este paso fue clave para dejar de discutir. Tuvimos reuniones los tres para revisar cada ítem del valor y costo de la vida de los niños, con detalle, para que él tuviese claridad del valor real de la vida y repartir esto de manera justa en base a nuestros ingresos. Repito, me tomó cinco años hacer esto; primero me aboqué a tener una relación fluida. Mirando hacia atrás debí haberlo hecho antes, pero fue mi manera de priorizar las cosas e ir paso a paso.

A pesar de la relación difícil en los primeros años, intenté hacerle ver a mi ex que, a pesar de todo, seríamos familia siempre, y busqué tener buena comunicación con él, por mail los primeros años, para poder expresarle lo que sentía, quería y necesitaba. Siempre con respeto, perspectiva y paciencia.

Ser una mujer trabajadora y responsable económicamente también me ha ayudado, ya que el papá de mis hijos confía en mí y me valida como madre y mujer.

Por último, algo clave para enfrentar todo este proceso con fue el siempre intentar cuidarme, estar sana y enfocada física y mentalmente. Todo este camino ha requerido de mucha energía y dedicación, y para no quemarme en el proceso ha sido fundamental tener buenos hábitos. La disciplina y el autocuidado amable han sido claves para tener la fortaleza y voluntad de lograr mis objetivos.

Porque las personas, con los años, evolucionamos y derecho a construir una vida que nos haga profundo sentido. Y creo que esto es una gran enseñanza para nuestros hijos: mostrarles que, como adultos, debemos ser coherentes con nuestro sentir. Mostrarles que los quiebres y el dolor son parte de la experiencia humana, pero que, a pesar de eso, se pueden cuidar y construir buenas relaciones y que eso es una de las bases de un buen vivir.Mi nombre es Ana María Vidaurre, soy nutricionista especialista en salud digestiva y mamá de dos niños, de doce y ocho años,  y desde Mujeres de Ñuble me invitaron a compartir mi proceso  de separación y de cómo llegué a mantener buenas relaciones con el papá de mis hijos. Con él hemos logrado compartir grandes momentos en los que convivimos con nuestros hijos, su pareja actual, mi marido, su hija y su ex pareja.

Viví en Chillán siete años y ahora vivo en Pucón, pero vuelvo a Ñuble cada año para visitar a la familia y amistades ¡Me encanta volver y recordar esa linda y fundamental etapa de mi vida!

Escribo estas letras desde un lugar de mucha humildad, reconociendo mi posición de privilegio, tanto por tener una profesión que me permite autonomía económica, una familia que me apoya y también una expareja que es un buen hombre y tiene buena situación. Tengo claro que todo esto ha ayudado al buen desenlace de esta historia.

Sin embargo, aclaro, que este proceso no ha sido nada fácil y que nos tomó seis años llegar a tener buenas relaciones. Ha sido un camino difícil y de mucho dolor, pero también de mucho aprendizaje. Al principio, todo era nuevo; no había muchas separaciones en mi familia y tampoco tenía amigas que lo habían vivido, pero, tenía la certeza en mi corazón de que no podía quedarme en un lugar donde ya no había amor de pareja. 

Acerca de las claves en mi proceso para llegar al lugar donde estoy, lo primero es que, fue prioridad para mí lograr llevarme bien y tener buena relación con el papá de mis hijos, ya que supe desde el primer instante que el bienestar y la salud mental de todos dependían de nuestra buena relación. Este fue siempre mi norte, y me ayudó a tener paciencia y esperanza en el proceso.

En segundo lugar, en medio de la tormenta inicial, tuve la asesoría de una buena psicóloga especialista en temas de familia y separaciones. Ella fue clave, porque me enseñó sobre estos procesos, los tiempos de duelo, y eso me ayudó a ser empática y tener paciencia con todos: adultos y niños. La psicóloga me dijo algo fundamental: "la separación de los padres en sí NO es traumática para los niños, lo traumático es cuando hay peleas, descalificaciones y guerra entre ambos". Tener eso en mente me ayudó a mantener la  perspectiva para pasar la etapa inicial de peleas. Y agradezco que NUNCA caímos en descalificaciones.

Tercero, y algo en lo que nosotros nos demoramos en hacer, fue pedir asesoría legal en mediación con un buen profesional, alguien que hiciera bien su trabajo y no sólo viera la repartición justa del costo de vida de los hijos, sino también los intereses humanos de madre y padre. 

Este paso fue clave para dejar de discutir. Tuvimos reuniones los tres para revisar cada ítem del valor y costo de la vida de los niños, con detalle, para que él tuviese claridad del valor real de la vida y repartir esto de manera justa en base a nuestros ingresos. Repito, me tomó cinco años hacer esto; primero me aboqué a tener una relación fluida. Mirando hacia atrás debí haberlo hecho antes, pero fue mi manera de priorizar las cosas e ir paso a paso.

A pesar de la relación difícil en los primeros años, intenté hacerle ver a mi ex que, a pesar de todo, seríamos familia siempre, y busqué tener buena comunicación con él, por mail los primeros años, para poder expresarle lo que sentía, quería y necesitaba. Siempre con respeto, perspectiva y paciencia.

Ser una mujer trabajadora y responsable económicamente también me ha ayudado, ya que el papá de mis hijos confía en mí y me valida como madre y mujer.

Por último, algo clave para enfrentar todo este proceso con fue el siempre intentar cuidarme, estar sana y enfocada física y mentalmente. Todo este camino ha requerido de mucha energía y dedicación, y para no quemarme en el proceso ha sido fundamental tener buenos hábitos. La disciplina y el autocuidado amable han sido claves para tener la fortaleza y voluntad de lograr mis objetivos.

Porque las personas, con los años, evolucionamos y derecho a construir una vida que nos haga profundo sentido. Y creo que esto es una gran enseñanza para nuestros hijos: mostrarles que, como adultos, debemos ser coherentes con nuestro sentir. Mostrarles que los quiebres y el dolor son parte de la experiencia humana, pero que, a pesar de eso, se pueden cuidar y construir buenas relaciones y que eso es una de las bases de un buen vivir.
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